De teatro para otros públicos y espectadores expectantes
El campo de la dramaturgia es ancho y ajeno. Allí conviven obras disímiles, géneros parecidos y diferentes, propuestas vecinas y otras que se cruzarían de vereda si se encontraran en una cartelera.
Es una obviedad: habrá tantos modos de hacer teatro como personas haciéndolo. Personas con una manera singular de entender la profesión, el arte, sus objetivos, las formas de relacionarse con el público, los textos, la escenografía, los cuerpos, las luces, los silencios.
¿Para qué hacemos teatro?, se pregunta Severo Callaci en una carta abierta a sus compañeros de teatro. ¿Qué queremos lograr cuando nos sentamos a escribir una historia, cuando componemos personajes y acciones, o bien cuando elegimos montar un texto ajeno? Montar, por qué no, como cabalgar el texto, con la fuerza de su polisemia.
Seguir leyendo »
Es una obviedad: habrá tantos modos de hacer teatro como personas haciéndolo. Personas con una manera singular de entender la profesión, el arte, sus objetivos, las formas de relacionarse con el público, los textos, la escenografía, los cuerpos, las luces, los silencios.
¿Para qué hacemos teatro?, se pregunta Severo Callaci en una carta abierta a sus compañeros de teatro. ¿Qué queremos lograr cuando nos sentamos a escribir una historia, cuando componemos personajes y acciones, o bien cuando elegimos montar un texto ajeno? Montar, por qué no, como cabalgar el texto, con la fuerza de su polisemia.







